Buscando con Pasión
  Hildegarde y la Pasión
 

“Sé como el sol en tu enseñanza, como la luna en la adaptación a tus oyentes, como el viento en la firmeza de tu magisterio, como una brisa gentil en tu mansedumbre, y como el fuego en la fulgurante e inspirada exposición de la doctrina. Todo debería comenzar con el primer resplandor de la temprana aurora y finalizar en la luz brillante, abrasadora”
“El alma es sinfónica; y lo mismo que la palabra designa al cuerpo, así la sinfonía designa al espíritu, porque la armonía celeste proclama la divinidad, y la palabra publica la humanidad del Hijo de Dios”

(Scivias)



“Cada vez que el Cordero de Dios dejaba oír su voz, un soplo suave manaba del secreto de la divinidad y tocaba estos tubitos de modo que con el Cordero sonaban como la melodía de todo género de cítaras y órganos. A excepción de los que llevaban estas coronas nadie cantaba este canto, pero los demás lo escuchaban y se alegraban, como el hombre se alegra cuando ve el resplandor del sol que antes no podía ver.

Su calzado era tan brillante casi como si brotara de un manantial vivo. A veces caminaban sobre ruedas de oro, y entonces llevaban en las manos cítaras con las que tocaban. Comprendían, conocían y hablaban una lengua desconocida que ningún otro conoce ni podrá utilizar.”
(Liber Vitae Meritorum)



 

“En la luz del Amor, la Sabiduría me enseña y me ordena decir cómo fui introducida en estas visiones. Las palabras que yo hablo no son mías, sino que la verdadera Sabiduría las pronuncia a través de mí y me dice así…”

“Y como por un espejo vi algunos de los que vestían un vestido de nube blanca, que parecía más pura que el éter puro que está arriba, y como entretejida de oro. También el adorno de su cabeza, es decir la corona que llevaban sobre la cabeza, era de electro, sus sandalias parecían de cristal y reflejaban una pureza más allá de las aguas más límpidas. De vez en cuando los rozaba un viento suave que procedía del arcano de la divinidad y que tenía el perfume de todas las hierbas y todas las flores. Entonces producían un sonido de dulce sinfonía, y sus voces repicaban como las voces de muchas aguas. Los demás adornos, que eran muchísimos, no pude verlos.”
“Percibí que en el claror que he descrito había un claror mucho mayor e infinito. Traté de observarlo, pero el resplandor de su fulgor fue tan deslumbrante que no fui capaz de verle bien ni tampoco ver nada de lo que en él se encontraba. Sin embargo pude entender que en él estaba toda la belleza de todos los adornos, las delicias de las delicias, los gozos de los gozos de la más completa beatitud en medida tal que ni el ojo del hombre ha podido nunca ver, ni el oído ha podido oír, ni el corazón ha podido alcanzar, mientras los hombres estén en su cuerpo frágil y corruptible. Por lo cual había delante de mí una especie de sello, por el que me fueron ocultados gozos más numerosos y todavía mucho más grandes que los precedentes que yo había visto. Y mi vista quedó deslumbrada.

Y por el Espíritu viviente vi y entendí esto. Y de la luz viviente que he descrito, de nuevo oí una voz que me dijo: “Los gozos que ves son verdaderos, y son tal como los ves y también hay más”.

(Liber Vitae Meritorum)


 
                                              




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